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sábado 11/07/2026

La cirugía que afectó la vida de una profesora en La Vega

Por Hensy Martínez

En medicina, una mala práctica ocurre cuando un profesional de la salud actúa con negligencia o sin la pericia esperada durante un procedimiento. El intrusismo, en cambio, consiste en ejercer una profesión sin contar con la autorización legal o la capacitación requerida.

La diferencia entre ambos conceptos no solo marca el rumbo de una investigación judicial, también, define la historia que, desde hace más de seis meses, viven la maestra Milka Mercedes Ramírez, su esposo Norberto Luna y sus dos hijos, de catorce y ocho años.

Desde aquel 17 de enero, la docente permanece fuera de las aulas. Según su esposo, las secuelas del procedimiento odontológico le impiden hablar con normalidad, obligándola a alimentarse principalmente con líquidos y alimentos licuados.

“Nosotros fuimos confiados a ese consultorio porque era un centro de renombre. Nunca imaginamos que terminaríamos viviendo una situación como esta”, expresó Luna durante una conversación con Listín Diario.

Todo comenzó el 14 de enero, cuando Milka Mercedes acudió junto a su esposo al consultorio del odontólogo William Almánzar para evaluar la extracción de sus cuatro cordales.

Según relató Norberto, fueron recibidos por un hombre que revisó la panorámica, les aseguró que la intervención podía realizarse y les transmitió la confianza suficiente para programar la cirugía tres días después.

“Nos dio toda la seguridad de que podía hacerlo”, indicó.

El procedimiento fue fijado para el sábado 17 de enero, y aunque inicialmente parecía rutinario, se prolongó durante cerca de cuatro horas. Durante ese tiempo, según lo explicado por el esposo, el equipo de succión dejó de funcionar y que quien realizaba la extracción tuvo dificultades para retirar una de las piezas dentales.

“Él decía: ‘Ese está muy duro, no puedo hacerlo, pero te voy a romper el hueso’. Queriendo romper el hueso fue que terminó rompiendo el molar”, sostuvo.

Al concluir la cirugía, afirmó que su esposa presentaba una inflamación evidente y lesiones en el labio que fueron atribuidas a un supuesto trauma propio del procedimiento.

«ese no era el doctor»

Los días siguientes estuvieron marcados por el dolor, la inflamación aumentó, los medicamentos no hacían efecto y su esposa comenzó a presentar dificultades para hablar.

Es ahí cuando decidieron regresar al consultorio. Cuando regresaron al Centro Médico Quinto Centenario para conocer por qué el dolor no desaparecía, una secretaria les comentó que el doctor William no acostumbraba a realizar procedimientos los sábados.

“Cuando abrí el consultorio vi a la misma persona que había operado a mi esposa. Fue la secretaria quien nos dijo que ese no era William, sino Franklin”, relató.

Para Norberto, ese hallazgo cambió completamente la forma en que entendían el caso, y que posteriormente, llevó al Ministerio Público a calificar provisionalmente el expediente bajo presuntos delitos de intrusismo y otras violaciones contempladas en la Ley General de Salud, en lugar de limitar el caso a una reclamación civil por presunta mala práctica médica.

“Si esto hubiera sido un error de un médico, uno entiende que los seres humanos se equivocan. Pero aquí lo que nos indigna es que quien operó a mi esposa no estaba autorizado para hacerlo”, manifestó.

Mientras el Colegio Médico Dominicano sostiene que las acusaciones por mala práctica deben agotarse en la jurisdicción correspondiente y respetando el debido proceso, la familia insiste en que el debate en este caso va más allá de una alegada negligencia profesional.

una recuperación que también golpeó el bolsillo 

Solo esa segunda cirugía, necesaria para retirar la pieza dental que permanecía en la mandíbula, tuvo un costo cercano a los RD$100,000, a ello se suman medicamentos, consultas, terapias con láser y otros tratamientos para controlar el dolor.

“Había días que solamente en medicamentos e inyecciones gastábamos alrededor de RD$1,500 diarios. Las terapias de láser cuestan 50 dólares cada una”, relató.

Norberto agregó que el impacto económico también alcanzó los ingresos del hogar, ya que, según explicó, su esposa recibe alrededor de un 40 % menos de salario mientras permanece bajo licencia médica.

Aunque la cirugía posterior permitió retirar la pieza dental que permanecía alojada en la mandíbula, Norberto asegura que los especialistas que han evaluado a su esposa coinciden en que las lesiones provocadas en el nervio no podrán revertirse.

«Los médicos que la han evaluado dicen que es un daño permanente», afirmó.

han transcurrido más de seis meses desde aquella cirigía

Desde entonces, Norberto asegura que su esposa no ha podido regresar a las aulas. Su hijo mayor asumió parte de las tareas del hogar, mientras que la menor, de ocho años, pregunta con frecuencia cuándo volverá a ver a su madre sonreír sin dolor.

La familia continúa adaptándose a una realidad que, según afirma, jamás imaginó vivir.

“Mi esposa era una mujer sana. Hoy no puede hablar con normalidad, no puede comer como antes y vive con dolor. Lo único que queremos es que esto no vuelva a pasarle a otra familia”, concluyó.

Una carga

Recuperación que golpea

Además del proceso judicial, la familia ha tenido que enfrentar un tratamiento que, según lo expresado por Luna, ha representado una carga económica constante desde enero.

Explica que, tras buscar una segunda opinión médica, su esposa fue sometida a una nueva cirugía para extraer la pieza dental que, no pudo ser removida durante el primer procedimiento.

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