Dajabón RD.– Aquí, el comercio se hace a pie, cuerpo a cuerpo. Para miles de ciudadanos, chiriperos y comerciantes, el intercambio con Juana Méndez es el único pulmón que les permite respirar económicamente cada día, sin embargo, sobre ecosistema hoy se cierne una sombra de incertidumbre: el proyecto de un «puerto seco» que podría centralizar el negocio fronterizo y excluir a los locales.
En los negocios, comedores, filas de bancos, bancas de lotería y en los parques el tema obligado en boca de todos es el del “puerto seco”. Aunque muchos desconocen su significado todos coinciden en decir que será la eliminación del comercio en la zona.
“Eso sería un atropello. Lo que entendemos es que el mercado como lo conocemos desaparecerá para que grandes empresarios se encarguen de esto y todo se maneje como una industria privada”, dijo, un comerciante que pidió reserva de su nombre.
Comerciantes
Comerciantes de la frontera norte manifestaron su rechazo a la instalación de este “puerto seco” en la provincia, alegando que la medida centralizaría la economía en manos de unos pocos grandes empresarios, provocando la desaparición de los pequeños y medianos negocios y de la dinámica actividad comercial de la zona.
Los representantes del sector explicaron que el verdadero «puerto seco» de la comunidad ya existe de forma natural y está compuesto por el mercado binacional, las instalaciones aduaneras y el tejido comercial local, además de grandes naves o almacenes que han sido construidos fuera del mercado.
Para los negociantes tradicionales y los miles de «chiriperos» (vendedores informales) que viven del día a día, el intercambio con Haití es el único pulmón financiero disponible en la provincia.
Las asociaciones de comerciantes de Dajabón señalan que la instalación de estas megaestructuras centralizadas beneficiará exclusivamente a las grandes industrias y corporaciones.

“El puerto seco ha venido a querernos desplazar de un trabajo que por más de 40 años hemos hecho los comerciantes de aquí de Dajabón”, advirtió Abigail Bueno, presidente de la Asociación de Comerciantes del Mercado Binacional de Dajabón.
“Si hoy tenemos grandes almacenes, tanto en el mercado como dentro de la ciudad, que es una realidad, es porque el mercado ha crecido conjuntamente con Juana Méndez, que es la ciudad más cerca que tenemos”, agregó el comerciante.
¿Hay desorden en el mercado binacional?
“Estos empresarios dicen que en el mercado binacional hay un desorden, y que la única forma que se puede organizar es implementando el proyecto de puerto seco. Y la verdad que si eso sucede sería un crimen a esas miles y miles de familias que han hecho este negocio desde cero hasta hoy”, enfatizó Bueno.
El presidente de los comerciantes dijo además que, si el Gobierno quiere intervenir en el desarrollo de la zona, lo que debe hacer es ayudar a ampliar la aduana y el mercado, porque el flujo actual de camiones y patanas hace que el espacio no esté debidamente organizado.
El fantasma de la exclusión social
Tras varias visitas a esta zona fronteriza, es evidente que la realidad socioeconómica de Dajabón se sostiene sobre un ecosistema interconectado y colaborativo. Su dinamismo depende directamente del flujo peatonal y de sus actores clave: carretilleros, motoconchos, microempresarios, pequeños y medianos comerciantes, hoteles y visitantes.
“Y es ahí donde nosotros hacemos el hincapié de que sí, estamos de acuerdo con la implementación de la modernización, pero que no sean excluyentes. O sea, que los verdaderos transformadores del comercio de la frontera somos nosotros. No son esos grandes empresarios que ahora quieren coger el negocio para ellos”, subrayó el líder comercial.
El comerciante pidió al presidente un diálogo para defender el mercado que ellos construyeron por décadas, advirtiendo que entregar el proyecto a grandes empresarios destruirá la economía local y provocará una migración masiva en la región.

Coincidencia unánime: el fin de la vida comercial
Todos los sectores entrevistados desde dueños de almacenes, hoteleros, mecánicos y vendedores, hasta dueños de cafeterías, pequeños restaurantes y comedores, entre otros coinciden unánimemente en que, de tener éxito este proyecto, se acabará de manera definitiva con la actividad comercial de la provincia de Dajabón.
El dinamismo de esta zona no se mide en frías proyecciones financieras, sino en el estrépito de las carretillas de metal golpeando el suelo, el rugido constante de los motores de tres gomas y el murmullo bilingüe que cruza la frontera.

Origen del proyecto
Con este proyecto oficializado mediante el decreto 166-26, el Gobierno busca crear una red de terminales terrestres que funcionen como extensiones de puertos y aeropuertos para el manejo de mercancías bajo el régimen de zonas francas, con una inversión privada superior a los USD $300 millones. Esta iniciativa ha generado fuertes debates y posturas divididas en la zona.

