Alex Rodríguez (1994) lo hizo antes de construir una carrera que solo su vinculación con el dopaje le puede cerrar las puertas al Salón de la Fama, pero Albert Pujols lo ha hecho después de levantar la suya, una de leyenda y que sin mayores inconvenientes le puede garantizar una elección unánime a la inmortalidad.
El domingo 31 de octubre quedará marcado como el día en que debutó en la Lidom el pelotero con la mayor jerarquía en las Grandes Ligas, medido por números acumulados y premios. Pujols, de tercero en la alineación y como designado, se uniformó por primera, una imagen que miles de asistentes al estadio Quisqueya grabaron y no borrarán de la memoria de su teléfono móvil.
Y la forma en que fue determinante para la victoria escarlata quizás no se le olvide a un pelotero con dos anillos de Serie Mundial y tres premios al Jugador Más Valioso.
Pujols disparó el batazo que dio la victoria 3-2 al Escogido sobre el Licey, al cierre de la entrada 10, lo que desató la algarabía de los miles de fanáticos rojos.

