Superar una a una tantas adversidades no siempre es una misión posible para hombres de carne y hueso.

Para los de Marte, los Marte de la Rosa, todo es posible. Que lo diga el dominicano Rodrigo.

A los 22 años, cumplidos el 8 de marzo pasado, el púgil del peso mosca Rodrigo Marte de la Rosa se dio el lujo de hacer trizas el pasado jueves los pronósticos que daban como favorito al cubano Yosbany Veitía Soto en la lucha por el oro de los Juegos Panamericanos.

“La consigna era darle, marcarle y no dejar que me marcara”, dijo a Efe al resumir el secreto de su victoria sobre Veitía por 4-1, que dio a República Dominicana la cuarta medalla dorada en Lima.

Pero ni objetivo se cumplió tan fácil como lo resumió el joven.

Hambre debió pasar para cumplir en la balanza con el límite de 52 kilos.

“Tuve que pasar hambre para dar el peso”, recordó emocionado tras advertir que en su deporte hay sacrificios que valen la pena.

Al combate por el título llegó con un esguince en el dedo pulgar de la mano derecha sufrido en el combate que ganó al argentino Ramón Quiroga.

Y durante el torneo clasificatorio para los Juegos Panamericanos de la decimoctava edición sufrió un corte que lo marginó de la lucha por el oro en su categoría.

“Hemos sacrificado muchas cosas”, dijo al borde de las lágrimas tras la ceremonia de premiación.

Marte de la Rosa comenzara en breve su preparación para el Mundial cuyo objetivo apunta solamente a un camino, el de los Juegos Olímpicos de Tokio.

“Yo vivo con mi mamá. El único respaldo familiar que tengo es el de mi mamá”, manifestó con voz temblorosa el solitario hombre que no parece de aquí. Y sí de Marte.

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